Reflexiones sobre la formación en valores.
Lilian Arellano Rodríguez
Universidad Playa Ancha de Ciencias de la Educación
Somos seres morales;
consustancialmente, morales.
La
relación organismo –medio se sustenta en una estructura natural que, de modo
predeterminado, le permite responder las suscitaciones que afectan su
viabilidad. El animal es un ser reactivo; su vida está limitada por la
capacidad de reacción a los estímulos del medio; no tiene más opción que la
permitida por su dotación biológica: es un ser “ajustado”. Por lo mismo, podemos
afirmar que en el animal no hay error de respuesta, no hay responsabilidad; no
tiene que justificar su respuesta porque en él no existe la posibilidad de
optar. Al gato no le queda más que hacer uso de sus garras para apresar la
comida, defenderse o atacar ¿El ser humano? Su gama de posibilidades es
inacabable; sólo depende de sus conocimientos, imaginación, voluntad,
moral.... Puedo hacer uso de mis manos para sembrar mi
alimento, hacer uso de tecnologías para conservarlo por años, crear industrias
para luego comercializarlo; puedo usar cañas de pescar o barcos faeneros,
rifles, trampas; puedo importar y exportar alimentos y adelantar
artificialmente el desarrollo de las aves para obtener mayores beneficios
económicos; también podemos mejorar la calidad del alimento y crear puestos de
trabajo que beneficien a todos, a la par que hacer donaciones, en orden a
colaborar con la salud y disminuir la desnutrición…
¿Qué acontece en nosotros?
De algún modo ya lo explicamos al aludir
a una de las perspectivas fundamentales en que se debe sustentar la pedagogía,
esto es, la perspectiva ética: Nosotros no respondemos a una mera afección de
estímulos suscitadores del organismo; pues nuestra capacidad de inteligir nos
coloca ante estímulos que sabemos, más allá de estimular, son reales
independientemente de que nos estimulen o no. Precisando aún más, nos
enfrentamos a realidades estimulantes y desde una realidad, la propia, que
también la sabemos tal. Por ello, ideamos proyectos, que cuentan con
realidades que sólo existen en nuestro mundo interior... Ideamos inventar una
vacuna para prevenir el cáncer, componer una canción o ahorrar para diseñar la
“casa soñada. Esta situación nos pone en un nivel de existencia que
trasciende lo orgánico y lo inmediato, tanto espacial como temporalmente: una
existencia que debe justificar sus respuestas ante sí y ante los demás, pues
cada decisión nuestra afecta a muchos; tanto lo que decidimos hacer como lo que
decidimos no hacer. Además, dado que somos conscientes de que la realidad no
se agota en la estimulación; podemos pre-ocuparnos de ella y no sólo ocuparnos;
podemos enfrentarnos a ella, esto es, ponerla frente a nosotros, de forma
conceptual y/o imaginaria, de tal forma decidir qué hacer ante su próxima o muy
futura estimulación. Así, se crean las AFP, en las cuales personas muy jóvenes,
entregan parte de su remuneración, para cuando llegue la vejez.
Libres del medio, en cuanto ante
él nos preguntamos qué hacer, somos responsables de nuestra
respuesta. Por ello, ante una misma situación, se dan las más
diversas actuaciones y consecuencias. La opción es consustancial a
nuestra existencia; también entonces su justificación. Debemos dar razón por la
acción elegida y por el rechazo de las demás. Es esta nuestra condición moral
ineludible. Tienes hambre... allí está la comida; pero no.... debes
distribuirla para que todos puedan sobrevivir: Pre-ocupación, proyecto o
planes, responsabilidad, consideración, fortaleza, prudencia, equidad... Todo
eso y más, formaron parte de las decisiones tomadas por nuestros 33 mineros...
PRINCIPIOS DE LA EDUCACIÓN MORAL
Entrevista a Zigmunt Bauman (La liquidez
en que vivimos)
a) Debemos conocer la
realidad, para direccionar nuestra creatividad y optar por aquellas respuestas
que impliquen “cultivo de” y no “destrucción de”: Dar la espalda a la
realidad es una actitud suicida y homicida de la cual somos inevitablemente
responsables. Así, es suicida quien construye castillos en el aire,
desconociendo el terreno; pues proyecta un futuro sin considerar la verdadera
realidad. La imaginación pueril como es sabido es la que se pierde en
ensoñaciones sin punto de apoyo en la realidad. En el film “La Carnada” de
Bertrand Tavernier, los jóvenes proyectan, sin más, en menos de un año montar
un negocio y hacerse millonarios… Son tres jóvenes; sólo uno de ellos –ella-
trabaja atendiendo una boutique; se dan cuenta que así no juntarán el dinero
necesario y han proyectado todo para “ahora, pronto”… Idean que ella atrape
hombres millonarios; cuando la lleven al departamento, será cuestión de dejar
la puerta abierta… ellos entrarán y sacarán el dinero… Resultado: un cruel
asesinato pues no se convencen que la víctima no tenga dinero donde vive:
emplean la fuerza para intentar hacerle hablar... Son tomados presos, navidad
será la próxima semana… Ella, al ingresar a la comisaría y ver que el jefe de
policía usa una costosa lapicera… saca un papel para averiguar su
teléfono…; aún piensa que el plan puede resultar y ser ricos antes
de navidad. Por lo mismo, el niño, en su inocencia, a
fuerza de imaginar sin fundamento real que es Superman, se lanza por la ventana
de un alto piso… Es un niño (un crío)… es nuestra
responsabilidad. No es lo mismo crianza que educación. La
educación requiere de la capacidad de discernir entre lo aparente y lo real,
deducir las consecuencias y, luego, elegir… En la crianza, el adulto
(padres, profesores, médicos) deben elegir lo mejor, lo que es bueno para el
crío y evitar lo que realmente es nocivo para él.
La imaginación creadora, madura, en
cambio, se nutre de la realidad y trata de mejorarla o transformarla, pero
considerando la naturaleza de ésta, su propia realidad, los condicionantes y
las consecuencias de su acción. Tal es tu real capacidad –sus
debilidades y fortalezas- tales son las oportunidades y amenazas a
que se deberá enfrentar,, tales son las condiciones del momento y tales las
consecuencias… Podrías tener capacidad para pescar, bote, pero a lo
mejor se anuncia un temporal o sería una desconsideración hacerlo cuando están
en peligro de extinción o temporada de crías. Desconocer la realidad y
construir la existencia a espaldas de ella es suicida y «homicida»: un peligro
privado y público; bien porque, inmaduramente, proponen proyectos ilusorios,
que acaban en la frustración de todos los que ilusamente se alistan confiados
tras ellos; bien, porque inmoralmente se mueven en el engaño para propio
beneficio. Así, por ejemplo, es fácil que los traficantes de droga,
en un principio las regalen para crear la adicción, pero ellos, en cambio, no
las consumen; pues saben muy bien sus consecuencias. En cualquier
caso, por ignorancia, inmadurez o engaño, se trata de un peligro privado y
público. De ahí la importancia de, antes de tomar decisiones,
conocer la verdadera realidad, proyectarla…
Por eso conviene experimentar la
realidad cotidiana, informarse, recurrir a los aportes que hacen los distintos
saberes y echar mano de la experiencia ajena, a través de la literatura, el
cine, las artes plásticas, los medios de comunicación, la familia, los
educadores.
b) Debemos ser idealistas pero no
utópicos o ilusorios: Un ideal es una idea de perfección sobre nuestro ser, nuestra
existencia y el mundo… Su origen es la misma realidad, en cuanto desentrañada
por una inteligencia que ha respetado su ser esencial y, por lo
mismo, vislumbra caminos para su cultivo, esto es, distingue entre nutrientes y
nocivos. Ninguna mente sana puede poner como ideal la violencia, la
inequidad, la desconsideración, la drogadicción, el abandono; pues
evidentemente son nocivos.
“Sería idealismo positivo considerar que
la historia humana se construye también con ideas e ideales, y que es puro
conformismo, dejación de humanidad, resignarse a pensar que no hay más cera que
la que arde, aferrarse con uñas y dientes a la vulgaridad y la ramplonería,
tachando de ilusos a cuantos intentan abrir nuevos horizontes. (…). Una cosa es
soñar utopías cuyo fracaso conduce a la frustración de los ideales por los que
nacieron, otra bien distinta ampliar el ámbito de la realidad posible, para
encontrar siempre ante cualquier problema una salida. Los enigmas excitan la
imaginación y la razón creadoras; las aporías, los callejones sin salida
bloquean las capacidades humanas y acaban matando el impulso vital.”, dice
Adela Cortina, catedrática de Ética y Filosofía Política, en la Universidad de
Valencia. (Cf. http://www.zubiri.info/cortina.htm )
Quienes de espalda a la realidad elevan
una idea preconcebida como ideal, caen en un utopismo relativista, direccionado
por intereses particulares, por ansias de poder o dominio sobre la realidad
para su consumo o apropiación. Quienes dan la espalda a la realidad intentarán
por todos los medios promover una masa de hombres no pensantes, no críticos, no
creativos, sin ideales, sin convicciones morales: seres manipulados pero no
educados.
c) Para educar en responsabilidad,
debemos educar desde la realidad de un ser humano “situado”, que nos permita
cumplir con aquellos tres momentos éticos de que habla Ignacio Ellacuría:
hacerse cargo de la realidad, cargar con ella y encargarse de ella para que sea
como debe ser.
Si queremos educar, debemos conocer la
realidad que viven nuestros educandos; cómo la experimentan, qué sentido y
valor le dan en el marco y horizonte históricos de sus vidas. Ser científicos
es ser investigadores, indagadores de la realidad misma: es en la realidad
donde encontraremos la explicación de lo que le acontece. Esto, que pareciera
obvio, a veces parece olvidarse; pues son muchos los que hacen discursos sobre
cómo educar sin mirar al educando real; sin interesarse por sus anhelos y
temores, sus penas, alegrías y esperanzas o desesperanzas. La hipótesis, la
variable determinada, la muestra, la fórmula estadística…; eficaces en el
ámbito del mundo predeterminado y lógico - matemático; dejan de lado, desde el
punto de partida, lo más esencial del ser humano: su toma de conciencia, su
libertad, su vocación de dignidad, su alma, su mismidad… Por ello, se acumulan
estadísticas y cientos o miles de investigaciones sociológicas sobre la pobreza
y el hombre sigue indigente; lo mismo acontece con la educación…y con otras
áreas humanas. Tratemos, entonces, de entender la realidad del educando, la
nuestra y el mundo real en que nos encontramos situados. No se trata
de conceptos abstractos, ni de fórmulas preconcebidas; sino de experiencias
únicas que ocurren en la historia de vida de personas también unas e íntimas.
c.1) «Hacerse cargo de la realidad» implica entender
la situación real que tenemos ante nuestra mirada. Por ejemplo, entender la situación
de agresión y falta de respeto ante la cual podríamos encontrarnos en una sala
de clases: Entender sus causas, motivos que la impulsan, formas de expresión,
situación familiar de los educandos… Estudiar la realidad de cara a ella, no es
lo mismo que estudiarla en la abstracción de un discurso lineal sobre la
violencia que puede aparecer en un libro. No digo que el libro no
sirva sino que es complemento… pero no sustituto de la realidad. El
libro puede aclararnos algunos conceptos, entregarnos algún lenguaje apropiado,
algunas estrategias, precisamente, de acercamiento a la realidad que nos
preocupa y la cual debemos indagar. Recuerdo un profesor de cuarto
básico que acudió a la Universidad para pedir una intervención en el curso del
cual era profesor jefe… Se trataba de niños entre 9 y 11 años a quienes
catalogó de tal indisciplina, que le eran “Incontrolables”. Recuerdo
haber partido con una dinámica que dio por resultado que ante un incendio,
varios de ellos preferían esconderse en un armario o taparse con sábanas y
dejarse morir… No había caso, no querían vivir ¿La razón? Producto de otra
dinámica: la carta a un amigo desconocido y leal que guardaría el secreto:
varios contaban que sólo molestaban en su hogar, que tenían miedo a la
violencia del padre alcoholizado, la madre ya sin paciencia… Otros… acusaban
ser abusados sexualmente y no ser creídos o encontrados culpables y no contar
con el apoyo de la madre. Uno de ellos, prometía salir de su flojera
y tener la casa limpia, los platos lavados y ninguno roto, para cuando llegara
su madre del trabajo, quien lo amenazaba con abandonarlo si no hacía bien las
cosas… Y el profesor, que los veía a diario y ya por cuatro años, no tenía
idea…
Para hacernos cargo de la realidad de
cualquier realidad y llevarla hasta un salón de clases para tratarla con los
alumnos y/o apoderados, sin herirlos, sin exponer sus vidas privadas, el cine
nos entrega un aporte pedagógico incalculable; pues a través de su ficción
podemos llevar, en un lapso de dos horas, la violencia tal cual se da en
situaciones reales de vida: así, podemos presenciar la historia de una agresión
física y psicológica desde sus inicios y hasta su culminación; aprehendiendo a
través de ella lo que ocasiona el grito, la humillación, la tolerancia de lo
intolerable y, al final, la liberación y la búsqueda de la identidad perdida.
El cine, nos recrea una realidad sin desintegrarla; pues al igual que la vida
real, hace uso de un lenguaje no lineal. Nos permite conocer todos los factores
que inciden; la historia misma de cómo se fueron dando; los personajes
involucrados y sus formas de actuar e influir en ella.
Una pedagogía experiencial necesita
instalarnos en la realidad misma para que, por empatía, accedamos a ella
experiencialmente; a través no sólo de una observación directa, sino
íntimamente, esto es, haciéndola formar parte de nuestras propias experiencias
de vida –acogiéndola- para luego entenderla comprensivamente. A ello
aludimos cuando decimos “me pongo en el lugar de”, “siento en carne propia lo
que te ha pasado”. Se trata, entonces, de imaginarse intelectiva,
moral y afectivamente lo que otros han vivido; es lo que también se logra con
las historias fílmicas que mágicamente, con el uso de los recursos del lenguaje
cinematográfico, nos introducen en un mundo que, aunque sabemos ficticio, nos
hace sentir lo que viven los personajes: nos enojamos con ellos, reímos,
lloramos, criticamos, damos consejos… El espectador de cine, en la medida que
conoce todos los elementos que conforman una situación: quienes son los buenos,
los que mienten, los engañados, las intenciones de los personajes, sus
fortalezas y debilidades, etc., entiende la realidad, por ello, puede “hacerse
cargo” de ella y, seguidamente, “hacer los cargos que corresponda”, esto es,
“cargar con la realidad”.
c.2) “Cargar con la realidad” implica
determinar y analizar los distintos grados de responsabilidades que se
articulan en una situación; distinguiendo entre causas, influencias y
condiciones. La causa es la determinante. Si no tienes el don o virtud del
canto, por ejemplo, jamás podrás cantar bien, aunque tengas la oportunidad de
acceder a los mejores maestros de canto. Pero si cantas bien, la causa es tu
don y tu esfuerzo por realizarlo; el maestro ha sido una buena y a lo mejor gran
influencia o apoyo positivo, que ha facilitado la acción de la causa que es
siempre íntima, pero no es determinante de tu realización; pues somos libres.
Ahora bien, podrás saber cantar; pero si estás afónico o estás en un recinto
donde se debe guardar silencio; hay que esperar o hacer algo para que cambien
las condiciones. En otras palabras, la causa es determinante; las
influencias y condiciones, no. Existiendo la causa –el talento- el
ser humano puede superar toda influencia y condicionamientos, como también
puede no aprovechar las influencias y condicionamientos positivos: Tiene
talento, lo medios óptimos para aprender, el tiempo y lugar apropiado, pero la
falta de voluntad o inseguridad, inhibe la actuación de la causa, esto es, la
actualización de su talento. Superados los vicios o debilidades,
podrá realizarse si lo hace “a tiempo”; pues algunos talentos son condicionados
por el paso del tiempo, a tal punto, que se vuelven un “imposible de realizar”;
ejemplo, el tenis a gran nivel, la danza. Las causas son siempre
íntimas o internas (La causa de que el vidrio se quiebre con una piedra es su
fragilidad; si no fuera frágil, no se rompería ni con un
balazo. Influencias para que la fragilidad actúe son muchas: agua
hirviendo, un terremoto, un alunizaje… Cargar la realidad, entonces,
implica tener claridad sobre cuáles son las causas de un actuar y qué lo motiva
o influye, condiciona.
c.3) “Encargarnos de la realidad” implica estar en
condiciones de poder asumir la propia responsabilidad frente a quienes nos
hemos comprometido. Somos educadores; algo debemos hacer frente al dolor,
abandono, violencia que sufren nuestros educandos; no podemos asumir
una actitud de irresponsabilidad o de inoperancia. Ser responsables implica
responder de las consecuencias de lo que hacemos y de lo que no hacemos. Por
supuesto que para ello, tal como hemos visto, es necesario hacerse cargo de la
realidad, luego cargar con ella y, ahora, encargarnos (responsabilizarnos) de
ella; preguntarnos, entonces, qué debemos hacer ante tal situación.
Cuando damos espacio y derecho a
cualquier acción injusta, sin hacer nada, no sólo aumentamos el daño a quien ha
sido injustamente agredido, sino que dificultamos la convivencia en paz de un
curso y damos lugar al mal ejemplo. Recuerdo una noticia: Se
informaba que tres estudiantes de enseñanza media habían abusado de una
compañera delante de otros estudiantes que hicieron caso omiso de los gritos de
auxilio e intentos de huida de la estudiante. Arrastrada por el suelo; fue
reiteradamente abusada sobre un escritorio; en la misma sala de clases. ¿Los
profesores? Pareciera que no existían. Resultado de esto y de la denuncia
efectuada por la alumna y su madre, la víctima debió ser retirada del Liceo
pues por razones obvias, no podía ni psicológica, ni moral o socialmente,
seguir compartiendo con quienes la habían abusado y con quienes lo habían
permitido. Sus victimarios, en cambio, siguieron en “su Liceo”, como si nada
hubiese ocurrido… En ética, a este actuar se llama “actuar mal con agravante
de escándalo”, pues con el ejemplo se avala el mal actuar y no se corrige, con
lo cual los observadores también son moralmente dañados.
Debemos asumir nuestra responsabilidad;
atrevernos a mirar, ver y tomar las riendas para guiar a quienes nos corresponda
por buenos caminos y, si no existen, construirlos… Buscar o crear un buen
material en el cual los educandos descubran y logren discernir y entender el
buen y mal actuar, la diferencia entre virtudes y vicios, se planteen dilemas
éticos… Liderar para instar a otros a colaborar en la misma ruta, elaborar
planes de acción o programas educativos y, así, formar en valores para
erradicar la maleza y sanar las heridas de muchas almas.
Alfonso López Quintás, afirmaba en el
libro que escribiera junto a Gustavo Villapalos: “La responsabilidad es siempre
proporcional a la dignidad. La dignidad de quien consagra su vida a orientar a
niños y jóvenes es muy alta. Se hace responsable del futuro de estas personas
y, consiguientemente, de la sociedad”
d) Antes de hacernos cargo de la
realidad, debemos hacernos cargo de nosotros.
Entender o entendernos no es fácil. Por
ahora, digámoslo en forma simple: Somos lo que hemos ido haciendo de nosotros a
lo largo de nuestra trayectoria de vida; en ello debemos incluir lo que
podíamos o debíamos haber sido y no fuimos y lo que podríamos o deberíamos ser
y aún no realizamos. Generalmente, entender nuestro propio actuar personal, es
mucho más complejo que entender el de otros… A veces, la explicación o
comprensión de una actitud, decisión o comportamiento está en la interpretación
o sentido que hemos dado en el pasado a una experiencia que, para otros, podría
no tener mayor incidencia. Analizarnos moralmente es difícil,
influyen sentimientos y un pasado que no es recordado tal cual
ocurrió. Además, el pasado ya fue, no es modificable; la esperanza
está en proyectar un futuro que aún no es. Es algo que todo educador
debe tener presente, para alentar al alumno a superarse y no aplastarlo,
haciendo hincapié en el error ya pasado. Veamos algo más sobre
esta temática, donde es imposible separar la ética de la antropología:
La necesidad de reflexionar sobre la
experiencia.
Nuestra vida es un continuo de
experiencias o vivencias que van configurando lo que llamamos nuestra biografía
o historia de vida. Se trata de experiencias de diversa envergadura o impacto;
tanto para nuestra existencia como para la de los demás; experiencias no
siempre reflexionadas que, sin embargo, pueden alcanzar el rango de
acontecimientos, esto es, marcar el rumbo de nuestras vidas, con su carga de
posibles e imposibles. Por ello, no es más sabio quien más ha vivido sino quien
constantemente va extrayendo principios de vida a partir de lo experimentado.
Podemos pasar por la vida o vivirla con mayor o menor profundidad, dependiendo
de cuánto vayamos aprendiendo de la misma. Así, nuestra vida es la historia de
nuestras experiencias y de la reflexión sobre ellas, lo que es también una
experiencia: la experiencia de reflexionar sobre la experiencia. Así, no es lo
mismo la experiencia de amar –estar amando- que la reflexión sobre qué
significa amar o que amemos a tal o cual persona. Tengamos presente, entonces,
que la reflexión sobre una experiencia será siempre sobre una experiencia
pasada y que ese pasado podrá ser próximo o remoto.
Aclaremos que no reflexionar sobre
nuestras experiencias de vida no significa que éstas sean algo oscuro o
inconsciente. Quien en estos momentos está leyendo estas líneas no está
reflexionando sobre su experiencia de leer, pues ello le impediría leer; pero
ello no implica que su leer sea inconsciente. De hecho, si le preguntamos qué
está haciendo, dirá: ”leyendo”. Lo habitual es, entonces, ser “conscientes no
–reflexivos” respecto nuestras experiencias o acciones. La reflexión sobre nuestras
experiencias nos lleva más allá que la toma de conciencia; implica el acto de
volver la mirada hacia nuestro interior, hacia lo que nos está aconteciendo
para analizarlo. La reflexión es una introspección, un volverse sobre sí mismo
que puede revelarnos las causas, condicionamientos y elementos que están
conformando nuestra forma de existir, en un momento de la historia de nuestras
vidas, en una situación determinada. Esta reflexión podrá permitirnos
descubrir, entender e incluso replantear el curso mismo de nuestras
existencias; evaluar nuestros proyectos personales y la forma de llevarlos a
cabo y, por último, extraer aquellos principios que nos orientarán en futuras
decisiones y se constituirán como criterio de crecimiento, estancamiento o
destrucción personal. Nos permite, en otras palabras, hacernos cargo de nuestra
realidad.
¿Qué nos sucede, qué sentido tiene
tal o cual decisión, qué significa tal acontecimiento o persona en nuestras
vidas, qué experiencias nos hacen crecer y cuáles nos consumen, qué es lo más
importante, qué debemos asumir y qué superar, cuáles han sido nuestros errores
y aciertos y cuáles sus consecuencias? En fin, son muchas las reflexiones que
necesitamos hacernos constantemente para no perdernos en un mundo cada vez más
apremiante y conflictivo que, así como nos ofrece múltiples posibilidades,
también nos pone cada vez mayores dificultades para alcanzarlas en forma
honesta.
The insider (El informante).
http://www.youtube.com/watch?v=DOKSrRdfkQM&feature=related
Sobre la ética del científico
d.2) Situacionalidad de la experiencia
En
cada una de nuestras experiencias está involucrado todo nuestro ser personal;
no puede ser de otra manera; somos indivisibles: afectivos, inventivos, morales,
intelectuales, sociales (familiares, amigos, adversarios, habitantes,
ciudadanos, etc.), creyentes, más o menos saludables o vitales y todo ello en
un constante y continuo acontecer que va conformando nuestra historia de vida.
Indivisibles, complejos por nuestra riqueza de ser, únicos e íntimos, vivimos
situaciones también únicas, que dan una tonalidad a nuestra existencia según
sean predominantemente afectivas, morales, intelectuales, religiosas, sociales,
corporales, estéticas, etc. Durante el nacimiento de un hijo, por ejemplo, para
la madre predominará la dimensión afectiva, mientras para el médico la
intelectual; pero, en ambos casos, está allí cada ser involucrado por entero en
esa experiencia: su historia de vida, sus valores, sus conocimientos, su
afectividad, sus creencias… Entender una experiencia de vida, implica tener
presente todas sus dimensiones; sin olvidar que somos únicos e indivisibles, en
situaciones de vida también únicas e irrepetibles. Una reflexión sobre nuestra
experiencia debe considerar que ésta se da no en el vacío sino en un espacio y
un tiempo determinado, que forman parte explicativa de la misma.
d.3) La reflexión sobre lo que nos
acontece no es inmediata.
No
cabe duda la importancia de la reflexión sobre nuestras experiencias; sin
embargo, es importante tener presente que la reflexión sobre éstas, no es
inmediata ni fácil. A veces, la comprensión de algo experimentado cuando niños
o jóvenes, lo entenderemos mucho más tarde; después de numerosas reflexiones e
iguales aciertos y errores. Es más, recordemos que nuestra reflexión es sobre
una experiencia necesariamente pasada; por lo cual "el sentido de una
experiencia no llega en realidad a ser nunca decisivo o concluso. Y esto ocurre
no sólo porque en el curso de la existencia alteramos la valoración de nuestros
propios actos pasados; es que, de hecho, nuestras experiencias reobran sobre
las anteriores, y por ello es posible que las valoremos, con el tiempo, de modo
distinto." (E. Nicol en su "Psicología de las situaciones vitales”)
¿Cuánto tiene que pasar para entender
una actitud, una decisión, una palabra o un silencio? Por ello debemos tener
cuidado con nuestro sentido de culpabilidad, con el culpar o culparnos. Así,
cuando hoy nos demos cuenta que fue un error la decisión de hablar o callar,
hacer o no hacer esto o lo otro; también deberemos tener en cuenta que en ese
entonces, tal vez, no teníamos la edad, la sabiduría de vida o conocimientos
necesarios para percibir las cosas de otro modo; o, quizás, no se dieron las
circunstancias que nos habrían permitido resolver esas situaciones de una
manera más eficiente. Acaso hoy encontremos explicaciones o formas de actuar
que habrían sido más certeras; pero es bueno tener presente que hoy somos
otros. A modo de ejemplo, recordemos las situaciones presentadas en el film
Mysterious Skin: Brian y Neil eran niños indefensos cuando fueron abusados por
el entrenador; no podían responder de lo que por sus edades y circunstancias
afectivas y familiares era para ellos imposible de entender y asumir de otra
manera.
Adele - Don't you remember
http://www.youtube.com/watch?v=_If00nv9xFA&feature=related
¿Cómo se hace cargo de la realidad,
carga y encarga de la realidad?
e) El pasado que no pasa…
Para
nuestro tema – la pedagogía experiencial – nos interesa aclarar algo más la
historicidad que nos conforma. En primer lugar, aclaremos que el pasado no es
sólo lo que fuimos o hicimos; sino también lo que podíamos ser o hacer y no
fuimos o hicimos y lo que sabíamos que no podíamos o no debíamos ser o hacer...
¿Recuerdan alguna experiencia al respecto y de qué forma hoy nos conforma como
un posible o un imposible? Pero no es sólo lo que nos ha pasado lo que hoy nos
conforma en una especie de estilo de ser, de existir y de habérselas con el
mundo; sino nuestra forma de proyectar ese suceso. ¿La madurez adquirida al día
de hoy, acaso no nos permitiría tener otra apreciación de los sucesos pasados
y, consecuentemente, otra forma de vivir este presente y proyectar nuestro
futuro?
“De
nuestras experiencias pasadas, unas son más próximas y otras más remotas a
nuestro presente actual (…). Lo próximo a nuestro presente puede ser algo que
distingamos como remoto en una sucesión temporal homogénea. E, inversamente, lo
remoto en el tiempo puede ser, para nuestro presente actual, efectivamente más
cercano. Por la función misma del recuerdo, las experiencias pasadas se
aproximan a nuestro presente, alejando de él a otras; y el olvido las aleja a
todas, unas más y otras menos rápida y totalmente. (…) Es la relación afectiva
con el presente lo que determina casi siempre la proximidad o lejanía de una
experiencia pasada respecto ese mismo presente. (…) Una experiencia pasada
puede sernos próxima lo mismo si ella fue grata, o si su recuerdo es grato, que
si fue desagradable.” (Ibíd. Pág. 55)
Por ello, antes decía que nuestra
historia de vida no es lineal, no se lee a reglón seguido. Recuerdos y olvidos
saltan espacios, uniendo tiempos lejanos, trayéndolos al presente y alejando
otros, hasta hacerlos casi desaparecer…Por ello no hay medidas ni instrumentos
válidos para cualificar el tiempo vivido por cada cual, cuán lejano o cuánto
pasado ha vivido y cuánta experiencia ha “acumulado” . Las causas de la
violencia no cabe duda que se encuentran en experiencias próximas que pueden
encontrarse lejanas en el tiempo cronológico; en los inicios de la vida; en el
pasado que no pasa… Sin embargo, no estamos determinados por el pasado pues
somos, al mismo tiempo, lo que aún no somos.
f) La experiencia del futuro presente y
como posibilidad.
Ser el mismo no es lo mismo que ser
igual o idéntico. Nuevas experiencias nos presentan nuevas posibilidades y, por
lo mismo, imposibilidades. Y si bien es cierto que hoy somos el resultado de
las elecciones y rechazos realizados en el pasado, y que estos circunscriben
nuestras posibilidades futuras; no menos cierto es que el pasado no nos limita,
no nos cierra o determina nuestra mismidad abierta a los cambios, a lo
distinto, a lo que antes no hemos sido o vivido. Podemos cambiar el curso de la
historia de nuestras vidas, proyectarla de modo que nuevas experiencias la
potencien en direcciones distintas a las hasta hoy llevadas.
Somos el mismo que se va construyendo
día a día, por lo tanto, siempre distinto; siempre novedoso. El futuro, nos es
primordial porque en él está la esperanza, el sentido y finalidad de nuestros
afanes, de la educación; del paso de la violencia a la paz. Por ello, el hombre
que siente no tener futuro posible; es un hombre "sin vida"; "preso
de la desesperación", no espera nada; se deja estar. De ahí también la
actitud heroica de quien sentenciado de muerte, vive con fuerza cada momento de
su vida; de ahí lo sobrecogedor de sus últimas disposiciones y de ahí la
diferencia entre quien ve la muerte como un tránsito y quien la ve como el fin
de la existencia.
Si el futuro es lo que puedo llegar a
ser o a hacer; si es posibilidad, es importante entonces preguntarse ¿Qué es lo
que queremos hacer; quiénes queremos llegar a ser? Nicol dirá "Cuando la
facultad de proyectar, agotada por las dificultades del presente, o por la
oscuridad del porvenir, se rinde y exclamamos veremos lo que pasa, dejando que
el futuro venga a nosotros, incluso entonces sabemos que algo va a ocurrir, que
inexorablemente se va a producir una situación en la cual nos sentiremos
inmersos, o de la cual seremos constituyentes. Pero no sabemos cuál va a ser
ella" Es la incertidumbre agobiante; nos produce desazón, desconcierto,
inseguridad. Nos gusta ser previsores incluso, manejar el factor sorpresa en lo
que no es decisivo: el regalo o la fiesta sorpresa. Necesitamos la certeza de
que lo fundamental de nuestras vidas seguirá un curso de continuidad que nos
permite saber de antemano qué hacer, a qué atenernos. Los cambios bruscos nos
provocan desconcierto; nos dejan en la crisis del cataclismo que puede ser
físico, económico, afectivo, social, moral; etc.
g) Según como habitemos el espacio será
nuestra experiencia.
¿Recuerdan algún rincón amado?
¿Recuerdan algún lugar al cual jamás quisieran volver, por muchas comodidades o
lujos que éste les ofreciera? Habitamos el espacio; esto es, lo teñimos con
nuestra historia de vida y éste, a su vez, nos hace saltar a pasados,
provocándonos emociones, recuerdos, que pueden ser gratos o no. Por otra parte,
podemos hablar de espacios acogedores o desacogedores; espacios que con su
vestimenta, promueven la paz o la violencia. Somos personas que se inspiran en
un paisaje o en habitaciones vestidas por experiencias en ellas tenidas. Por
ello, el inventario de un lugar no tiene el mismo sentido o valor para dos
personas.
Nos proyectamos no sólo según nuestros
tiempos, sino en un lugar; en una circunstancia. No da lo mismo cualquier lugar
para construir el hogar, para celebrar o para pasear por él. En un lugar somos
extranjeros; en otros, estamos en lo nuestro… No es lo mismo invadir un lugar
que cultivarlo: “Es el espíritu y no el cuerpo el que arraiga la tierra del
lugar”, dice Nicol.
De acuerdo con lo expuesto hasta aquí,
es claro que la sabiduría de vida, no dependerá de la edad, puesto que no
depende de la cantidad de experiencias, sino del cómo integremos esa
experiencia, cómo captemos su sentido de ascensión, de tal modo influya
positivamente en nuestros propósitos y fortalecimiento. Muchas veces, no nos
damos el tiempo para volvernos sobre nosotros mismos; a veces, por comodidad o
temor a no saber cómo enfrentarnos; así el ser humano se va volviendo un
inconsciente, se va bestializando. Reflexionar sobre nuestras experiencias
vividas directamente o en la experimentación fílmica es también una
experiencia; tratar de explicar esa experiencia también lo es…
h) Educar es enseñar a descubrir y
amar los valores – verdad, bien y belleza- de tal modo sean asumidos como
principios de vida. Asumidos los valores, pasan a configuran nuestro ser conforme las
virtudes. Es la educación como actitud de vida, donde el bien es bondad, la
verdad es veracidad y la belleza es éxtasis. Llamamos axiología a la
disciplina filosófica que estudia los valores. Esta disciplina, se
sustenta en la antropología filosófica. La relación educación con el
bien moral, es estudiada por la ética y la relación con la belleza, por la
estética.
"Enséñame"
http://www.youtube.com/watch?v=x6vz7ehHQew&feature=related
Principios de Ética General
1º Haz el bien y evita
el mal
2º Principio de tolerancia:
Desgraciadamente, dado que existe el mal, cuando no hay alternativa
alguna para evitar un mal mayor, se debe actuar conforme al mal menor.
3º Se puede actuar mal
por comisión u omisión, esto es, cuando se hace lo que no se debe hacer o
cuando no se hace lo que se debe hacer.
4º Para que haya mérito
o culpabilidad de los actos, tiene que haber conocimiento o debiera haberlo y
voluntad.
5º Existen agravantes y
atenuantes de lo actos:
a) Según
la acción e intención:
a) Según
la acción e intención:
ACTO INTENCIÓN MORALIDAD
Bueno Buena Bueno
Malo Mala Perverso
Bueno Mala Más
malo
Malo Buena Menos
malo
Es
más malo actuar contra alguien inocente o de actuar correcto, que
ante quien actúa mal.
c) Más mal actúa quien tiene
mayores conocimientos y mayores responsabilidades.
d) Mayor es el mal cuando se
atenta contra un bien mayor.
e) Mayor es el mal si se hace con
escándalo, esto es, se ufana de él y se trata de propagar.
f) Mayor es el mal si
se actúa en contra de quienes somos responsables
g) Mayor es el mal si se actúa
contra un bien público o común que contra un bien particular.
Educarse
implica el reto de ascender en honestidad, en bondad de ser, en mérito de ser;
implica, por lo mismo, la realización de virtudes. Ahora
bien, llamamos virtudes morales a las diversas formas que presenta la
realización del bien, acorde las situaciones que debemos enfrentar durante el desarrollo
de nuestra existencia. Así, hablamos de virtudes naturales cardinales o
derivadas y de virtudes teologales o sobrenaturales. La educación en este
sentido implica un reto moral, pues el bien no siempre es fácil de distinguir
del mal; como tampoco es fácil superar la comodidad, conveniencias o placeres
inmediatos que puede ofrecer el aparente bien o mal. Muchas veces el ser humano
distingue entre lo bueno y lo malo, lo correcto o incorrecto; pero por
debilidad cae en los vicios. Mientras las virtudes implican una real
realización del auténtico ser que somos; los vicios implican una falta de
auténtica realización que puede ocultarse tras la fachada de bienestar, poder,
tener o placer.
Prudencia,
Fortaleza, Templanza, Justicia son las virtudes que llamamos naturales
“cardinales”, por cuanto como los puntos cardinales, indican un camino de
corrección a seguir (un camino educativo). Cada virtud cardinal se puede
expresar a través de diferentes virtudes que , entonces, son llamadas
“derivadas” La adjetivación de “naturales” es para diferenciarlas de las
virtudes teologales o sobrenaturales que dicen relación directa con Dios, pues
en Él tienen su origen y destino; así las virtudes de la fe, esperanza y
caridad (camino de gracia, revelación y santidad). Las virtudes
cardinales naturales, en cambio, centran su realización en la voluntad del ser
humano y en su relación del mismo con la naturaleza y con los demás
hombres. Imprudencia, Debilidad, Intemperancia e Injusticia; Infidelidad,
desesperanza y odio, son las nominaciones que damos respectivamente a los
vicios que caracterizan una existencia por oposición o ausencia de las
respectivas virtudes. El estudio de la educación en relación con las virtudes
teológicas y con el sentido final de la existencia o llamado Bien Final o
Último, puede dar lugar a una perspectiva teológica de la educación.
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